¡Traer un hijo al mundo! ¡Qué decisión más complicada!, y ¡qué miedo, cuánta incertidumbre! ¿El embarazo tendrá complicaciones?, ¿El parto no será largo ni doloroso? ¿El bebé nacerá sano? Tantas preguntas cuando una pareja se plantea tener un hijo y tantas preocupaciones. Y una vez que la decisión está tomada... el niño que no llega. Unas veces porque existen problemas de salud en alguno de los futuros papás, y otras sencillamente porque el niño no quiere o no encuentra la forma de llegar.
Hace ya más de 20 años que nació en España la primera niña “probeta”. Desde entonces, se ha especulado mucho al respecto de las Técnicas de Reproducción Humana, sus costes, la duración de los tratamientos, la incertidumbre y el estrés que provoca en la pareja y, sobre todo, la evolución de todos esos niños que a lo largo de tantos años han nacido gracias a estas Técnicas. ¿Serán sanos? ¿Padecerán algún trastorno emocional? ¿Cómo será su integración?
Al final, todas esas dudas eran infundadas como la mayoría de los científicos defendía en su momento. Sin embargo, es sólo ahora, con el paso de más de 20 años cuando pueden desarrollarse estudios verdaderamente fiables al respecto.
Las familias FIV 10 años después
El primer estudio realizado para el seguimiento de los niños nacidos de Técnicas de Reproducción Asistida desde la infancia hasta la adolescencia, revela que estos niños son emocionalmente saludables, están bien integrados y crecen en un entorno familiar estable y feliz. La profesora Susan Golombok, Directora de la City University Family and Research Center de Londres, ha recopilado nuevos datos de cuatro países europeos (Italia, España, Holanda y el Reino Unido) para incluirlos en el Estudio Europeo de Familias de Reproducción Asistida.
La primera fase del proyecto realizada en 1996, comparó la evolución de niños nacidos por Fecundación in Vitro, por Inseminación Artificial de Donante, niños adoptados y niños concebidos de forma natural. El estudio que valoraba la evolución de los niños entre los 4 y los 8 años de edad, incluyó también el comportamiento de sus respectivas familias. Cuatrocientas familias fueron visitadas de nuevo, cuando los niños rondaban los 11 o 12 años. Los resultados fueron similares. Se trataba de niños emocionalmente saludables, que vivían en entornos familiares estables y felices y sin diferencias de comportamiento significativas entre ellos.
El poder del amor. Los lazos familiares
Resulta gratificante comprobar que un hijo viene, entre otras cosas, naturalmente, para completar la felicidad de sus padres. Desear con tanto anhelo tener un bebé y no lograrlo, no sólo resulta frustrante, sino que incluso en algunos casos acaba por convertirse en una obsesión.
Desde URH García del Real en el Hospital de La Zarzuela de Madrid, hemos pretendido siempre que, la ilusión de alumbrar un hijo siga siendo eso, una ilusión, un proyecto que compartir entre los dos miembros de la pareja y no una obsesión, una necesidad o un remedio para solucionar problemas de pareja.
Por eso nuestro primer consejo cuando una pareja demanda cualquier tratamiento de inseminación artificial es su paso por la consulta de nuestra psicóloga.
Estas precauciones o “cuidados preventivos” han hecho posible que los resultados del estudio publicado en Londres hablen de que más del 90% de los padres continuaban felizmente casados sin encontrarse evidencias de problemas emocionales o maritales en las parejas que habían recibido tratamientos de reproducción asistida. Así pues y, en términos generales, se trataban de familias bien estructuradas, con fuertes lazos afectivos entre los padres y los hijos manteniéndose, además un adecuado nivel de disciplina.
El estudio de la Dra. Golombok revela que la ausencia de lazos genéticos entre padre e hijo no interfiere en el desarrollo de una buena relación. Lo que sí es cierto es que los equipos de investigación descubrieron que la mayoría de los niños nacidos por inseminación artificial de donante crecían sin saber que su padre no era su padre genético. Sólo uno de cada diez conocía sus orígenes genéticos.
Hijos deseados
No siempre un hijo ha sido deseado, por mucho que luego se le quiera. A veces, los niños se presentan sin esperarlos. Sin embargo, cualquier pareja que decida someterse a un tratamiento de Reproducción Asistida, está convencida de que lo que desea, a veces por encima de otras muchas cosas es traer un hijo a este mundo. Después, una vez que el bebé está aquí, en ambos casos, tanto si ha nacido por métodos naturales como si lo ha hecho por Reproducción Asistida, seguro que será igualmente querido, cuidado y protegido.
De ahí, el afán de la comunidad científica por demostrar que no existen diferencias significativas entre los bebés dependiendo de sus orígenes genéticos. Un ambiente estable, una educación adecuada y un entorno de respeto y tolerancia es lo que hace que los niños crezcan felices y saludables sin importar cómo se haya llevado a cabo su concepción.
No obstante y, aunque el estudio al que aludimos en este artículo, desvela las dudas al respecto, desde URH García del Real, defendemos esas dudas razonables que nos permiten evolucionar pero siempre con cautela y ante todo salvaguardando la felicidad tanto de los padres como de los niños.
Así que, lo que hay que definir es lo que necesita un niño para su correcto desarrollo emocional. Creemos que, realmente es su entorno lo que se lo permite. Que le quieran y le proporcionen todo lo que necesita. Ahí es donde realmente está el “quid” de la cuestión. Lo que se ha conseguido demostrar con el paso de los años es que los niños nacidos por Reproducción Asistida no presentan carencias afectivas diferentes de las que puedan sufrir los niños nacidos por medios naturales.
Dra. Sylvia Fernández-Shaw
Jefa de URH García del Real, Hospital de La Zarzuela (Madrid)
Actualizado: Marzo de 2002