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Lentes Solares

El uso de las gafas de sol es un hábito cada vez más extendido entre la población. En los últimos tiempos, la rápida degradación de la capa de ozono ha disparado la alarma sobre la nocividad de los rayos solares, un hecho que unido a la nueva concepción de las gafas como complemento personal del vestir, ha provocado un aumento en el uso de este utensilio tan común.

Pero ¿el público conoce realmente qué tipo de gafas de sol lleva? ¿Todas las lentes de color poseen las mínimas cualidades de protección de las radiaciones nocivas, para ser consideradas lentes solares?

Historia

Las gafas de sol no son un invento nuevo ni su uso es reciente. Aunque se cree que las gafas tintadas son tan antiguas como las graduadas, no se tienen demasiadas referencias en la historia, que lo constaten.

Lo que sí se sabe es que ya en 1623, Benito Daza Valdés , dándoles el nombre de conservativos, explicaba las virtudes de protegerse del sol con las gafas. En los años 20 se puso de moda el uso de gafas solares, momento en el que los fabricantes de vidrio, por primera vez, sacaron al mercado una amplia gama de lentes coloreadas en perfectos muestrarios. Desde entonces, las gafas de sol se han convertido en un elemento de uso común entre la población hasta convertirse un complemento del vestir.

Los rayos solares, la luz y el ojo

El sol es una bola de gases incandescentes, sometidos a una presión y temperatura extraordinarias, que emiten al espacio una gran cantidad de radiaciones electromagnéticas. De estas radiaciones, el ser humano sólo recibe una pequeña porción puesto que la gran mayoría quedan absorbidas por la atmósfera terrestre cuando la atraviesan. A esta porción de las radiaciones solares, detectadas e interpretadas por nuestros ojos, la llamamos luz visible o simplemente "luz".

Las distintas radiaciones visibles que forman la luz, corresponden cada una a un color distinto (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta) y la suma de todas ellas da lugar al color blanco. Cuando la luz llega a la tierra se produce un fenómeno de absorción de una parte de estas radiaciones, la dispersión de otras en el cielo y de reflexión en el paisaje, sobre cada persona, animal, vegetal y objeto que nos rodea. Según la clase de radiaciones que cada uno refleja o absorbe, nuestro ojo percibe uno u otro color.

Radiaciones visibles e invisibles

Como hemos dicho, de todas las radiaciones emitidas por el sol, el ser humano sólo percibe una pequeña porción, las visibles. Eso significa que, además de estas radiaciones, el espectro electromagnético contiene un gran número de radiaciones invisibles que también llegan al ojo humano y que pueden afectarle. De estas radiaciones, las más conocidas son las ultravioletas y las infrarrojas.

Cada tipo de radiación provoca una serie de consecuencias en nuestro ojo. Así, la radiación visible (no dañina, salvo cuando es intensa) estimula nuestro sistema nervioso a través de la retina, proporcionándonos las imágenes. La radiación infrarroja es calorífica, y es retenida en su mayoría por el cristalino y la córnea del ojo. La radiación ultravioleta puede llegar a ser peligrosa, dependiendo de su longitud de onda (hay tres tipos de rayos ultravioleta: A, B y C).

Según la latitud geográfica en la que nos encontramos, nos exponemos en mayor o menor grado a la región del espectro electromagnético que contiene las radiaciones ultravioletas, las visibles y las infrarrojas.

Radiaciones nocivas visibles

La dispersión (desviación desordenada de los rayos luminosos) de la luz en la atmósfera (y también en el interior del ojo) es mayor para las radiaciones visibles de mayor energía, como las correspondientes a la luz azul. Estas radiaciones ocupan una gran parte del espectro luminoso visible y son el principal factor de deslumbramiento y de reducción en la capacidad de percepción de los contrastes. Los efectos negativos de la "luz azul" sobre la visión son especialmente acusados en ojos sensibles, para los que un ligero deslumbramiento se hace intolerable. La exposición reiterada a la "luz azul" acentúa de forma progresiva la "fotofobia" (molestias a la luz) y acaba por disminuir la capacidad de adaptación a los cambios bruscos de iluminación.

Los ambientes en los que predomina este tipo de radiación son los de nieve y los marinos. Estudios recientes han demostrado que los efectos que esta radiación produce en la retina son acumulativos, de manera que una exposición continuada a ambientes con fuerte predominio de radiación azul puede causar con el tiempo un deterioro irreversible de los elementos fotosensores de la zona central de la retina, originando un proceso de ceguera que ya constituye la principal causa de pérdida de visión entre la población de edad más avanzada de países como Inglaterra, Gales, Canadá, Australia y los Estados Unidos.

La energía ultravioleta, uso y abuso

Los rayos ultravioleta (U.V.), que forman parte de las radiaciones invisibles que acompañan a la luz en su llegada a la tierra, reciben esta denominación porque corresponden a aquellas radiaciones cuya "longitud de onda" es menor a la que corresponde al color violeta (por etimología: "más allá", "ultra" del violeta).

La energía ultravioleta se suele dividir en tres tipos de radiaciones:

- U.V. "A", también conocidas por "luz negra", "ultravioletas de onda larga" o "ultravioleta próximo", tienen multitud de aplicaciones científicas y técnicas, así como estéticas (los famosos rayos "UVA" bronceadores).

- U.V. "B", también conocidas por "ultravioletas de onda media" son los más peligrosos del conjunto de energía ultravioleta, contra sus excesos los seres vivos desarrollan mecanismos naturales de protección (plumas, pelo, pigmento en la piel... etc).

- U.V. "C", o "ultravioletas de onda corta" son prácticamente absorbidas por el ozono de las altas capas de la atmósfera por lo que, al menos en la actualidad y en general (prescindiendo del "agujero del ozono") no son radiaciones que actúen directamente sobre los seres vivos.

Aunque en su justa medida las radiaciones ultravioleta A benefician la salud (favorecen el crecimiento, aumentan la inmunidad a las enfermedades y la capacidad de resistencia), su abuso puede llegar a producir serios trastornos. La exposición intensa y continuada a las radiaciones ultravioleta, sin la protección necesaria, puede provocar quemaduras, envejecimiento prematuro e incluso cáncer de piel.

En las mismas condiciones, los trastornos oculares son igualmente importantes, afectando a la "córnea"(1), y a la "conjuntiva" (2) en forma de alteraciones celulares cancerígenas, y/o al "cristalino" (3) en forma de "cataratas" (4).

(1) Parte anterior y transparente del ojo
(2) Membrana ocular fina y transparente que reviste la superficie interna de los párpados y parte del ojo
(3) Lente intraocular que permite la adaptación visual del ojo a diferentes distancias
(4) Pérdida de transparencia del “cristalino”

Mecanismos naturales de protección solar

En condiciones normales de exposición solar, el ojo dispone de mecanismos naturales de protección. La estructura mayoritariamente acuosa del ojo, presenta una gran absorción de los llamados rayos "infrarrojos" (radiaciones próximas al color rojo, "infra" etimológicamente "por debajo") por lo que prácticamente no alcanzan la retina.

Dentro del ojo, la "pupila" (diafragma ocular), reduce su diámetro cuando la cantidad de radiación luminosa en el ambiente es importante y, a su vez, el "cristalino" absorbe las radiaciones ultravioleta para evitar su contacto con la "retina".

Entornos de riesgo y filtros de protección

En determinados entornos en los que las radiaciones son muy intensas, como en una pista de esquí, los mecanismos de protección oculares no son suficientes, llegando hasta el extremo de que el mismo órgano de protección se puede deteriorar por un ataque excesivo de radiaciones nocivas. Por ejemplo, la exposición del “cristalino” a una fuerte radiación ultravioleta, ya sea durante un período largo de tiempo o por acumulación de exposiciones más breves (efecto acumulativo), es causa de su deterioro orgánico y funcional, sufriendo cambios histológicos y alteraciones químicas que le conducirán inevitablemente a la pérdida progresiva de transparencia ("cataratas").

Al margen del tiempo y frecuencia de exposición, los entornos de riesgo son aquellos en los que la presencia de radiaciones nocivas está por encima de lo habitual. La playa, el mar, la montaña (sobretodo alta montaña) y la nieve, son entornos de fuerte exposición solar, potenciales fuentes de complicaciones visuales si no usamos unas gafas de sol adecuadas.

Unas gafas de sol de mala calidad, cuya capacidad de protección solar sólo se limite a reducir la intensidad luminosa visible mediante el tono oscuro de sus vidrios, pueden llegar a ser más peligrosas que el no usarlas, puesto que la "pupila", como mecanismo regulador de entrada de luz al ojo, disminuye y aumenta su tamaño en función de la intensidad luminosa visible y si es "engañada" por el tono oscuro de unos lentes que no filtran el paso de las radiaciones nocivas invisibles, aumenta su diámetro para dejarlas pasar. De esta manera, el ojo queda expuesto más fácilmente a las radiaciones nocivas de lo que quedaría sin esas gafas. Es necesario, por tanto, que las gafas de sol sean realmente filtros de protección.

Sobre las condiciones de unas buenas gafas de sol

Una buena gafa de sol debe hacer frente a todas las consideraciones expuestas sobre las radiaciones solares y además no debe renunciar al mantenimiento de una buena agudeza visual. Las lentes de sol, como filtro protector, no solamente han de absorber la luz azul y la ultravioleta sino que su límite de absorción de las radiaciones visibles (o sea de la "luz" que nos permite "ver") no debe rebasar el necesario para el mantenimiento de una buena visibilidad.

Unos filtros de protección eficaces pero que sacrifiquen incluso la luz visible no nociva, reducirán la agudeza visual hasta el extremo de perjudicar y hacer peligrosas las actividades del usuario (conducción, navegación, esquí, montañismo,... etc). Por otra parte, unos filtros de protección excesivamente claros que no absorban suficientemente las radiaciones visibles más energéticas ("luz azul"), aunque absorban otras radiaciones nocivas, tampoco son filtros de protección adecuados contra el deslumbramiento y la "fotofobia" (rechazo a la luz).

Otro aspecto fundamental de las lentes de sol, es el referente al mantenimiento de una percepción lo más fidedigna posible de los colores. La distorsión cromática de las lentes solares de mala calidad implica una mala percepción de los colores, cuestión que afecta particularmente a la conducción.

Finalmente, el diseño y fabricación de las lentes debe estar regido por estrictos controles de calidad. Unas gafas de sol, equipadas con lentes cuya función de filtro protector sea buena pero que sus superficies sean irregulares y provoquen distorsiones en el espacio visual, no merecen ningún tipo de confianza. Tampoco la merecen si, estando sus lentes bien diseñadas y fabricadas, el tratamiento o "filtro de protección" que se les aplica pierde sus propiedades con el tiempo, no cubre la superficie de la lente de forma uniforme o es excesivamente delicado.

Materiales en las gafas de sol

Las buenas monturas para lentes solares, concebidas para durar más tiempo, se fabrican con materiales y exigencias técnicas superiores.

En cuanto al material de las lentes, éste puede ser de dos tipos: el "orgánico" o “mineral”.

El material “orgánico” o "plástico óptico" es uno de los más usados en su fabricación. Las lentes "orgánicas" presentan buenas cualidades absorbentes de las radiaciones "ultravioletas", son ligeras (sobre todo si son graduadas) y no se rompen. Sin embargo, se rayan con facilidad, por lo que se suele dar a sus superficies un revestimiento de protección. Este tipo de lente debe ser limpiada bajo el grifo, para que el agua arrastre las pequeñas partículas de polvo depositadas sobre su superficie y evitar que actúen como agentes abrasivos en una limpieza en seco. Es necesario, además, evitar dejar las gafas de sol con lentes orgánicos cerca de fuentes de calor (estufas, radiadores,...) o dentro del coche cerrado, sobre la guantera y a pleno sol.

Las lentes de material "mineral" presentan varias ventajas: son más estables (no se deforman con el calor), disponen de una mayor uniformidad en el coloreado, son más duras y aunque se pueden romper en caso de impacto, existe la posibilidad de someterlas a un endurecido. Las gafas de sol con lentes minerales, especialmente si no están endurecidas, no son aconsejables para aquellas actividades en las que el riesgo de caída (ir en moto, esquiar,...) o de impacto ("squash", fútbol,...) sean probables. En este sentido, y también por seguridad, es conveniente evitar las monturas metálicas, especialmente si presentan piezas o bordes que por su acabado pueden actuar como agentes cortantes.

Colores, tratamientos y usos adecuados

Todas las lentes de sol, tanto las de cristal como las orgánicas, bloquean la mayor parte de los rayos ultravioleta emitidos por el sol. Algunas permiten que se absorban casi todas las ondas de luz visible. Otras están diseñadas para filtrar selectivamente la luz, permitiendo el paso de ciertas ondas únicamente. Casi todos los expertos estiman que para que las lentes de sol resulten cómodas para la vista deben bloquear, por lo menos 2/3 de la luz visible. Aunque el gusto individual juega un papel importante en la selección del color de los cristales, éste es un factor importante.

Los colores más usados como "filtros de protección" en las gafas de sol son el marrón (ideal para la nieve), el gris (no altera demasiado los colores) y el verde (apto para uso habitual). El color amarillo aumenta el contraste sobre todo en condiciones de visibilidad escasa (niebla, atardecer y conducción nocturna), sin embargo, no son aptas para el uso solar.

El gris suele ser la mejor opción para uso general, ya que trasmite uniformemente la luz a través del espectro y no causa una notable alteración de los colores. Sin embargo, este color reduce ligeramente la brillantez de los colores, lo cual motiva en algunas personas que vean los colores más opacos.

El color café o marrón es otra opción, pues surte un efecto positivo al mejorar los contrastes y avivar los colores. También ayuda a mejorar la percepción de profundidad en los días nublados.

Otra razón que se debe tener en cuenta al comprar gafas de sol es la protección que brindan contra el resplandor cuando el sol brilla sobre el capó de los automóviles, del agua y de la nieve. Pero no todas las gafas de sol bloquean el resplandor. Sólo las lentes polarizadas eliminan la nebulosidad, la pérdida de contraste, las "imágenes fantasmas" y la posición indeterminada de las imágenes que el resplandor causa.

Las lentes polarizadas son ideales para realizar actividades en las que el resplandor causa molestias, como navegar, ya que son sumamente eficaces para bloquear la luz reflejada en el agua. Son las preferidas de los pescadores (sobre todo por los de río), puesto que en días claros les ayudan a ver los peces bajo el agua. Los filtros polarizados se hacen calentando y estirando una película de alcohol polivinílico, hasta cuatro veces su tamaño original, laminándola entre dos capas de plástico, y presionándola hasta darle la curvatura deseada. Un óptico competente verificará que cada lente haya sido correctamente polarizada y comprobará que no hayan quedado marcas excesivas por el estiramiento, ya que esto podría causar incomodidad periférica.

También hay baños de espejo en diversos colores (tanto de color entero como en tonalidades). Aunque muchos escogen estas lentes buscando protección contra el resplandor, lo cierto es que no ofrecen una protección adicional contra el resplandor. Su principal función es reflejar la luz y su valor estético. Los baños de espejo se pueden aplicar tanto a las lentes de cristal como a los plásticos. Usualmente estas lentes están coloreados para bloquear de un 20% a un 40% de la transmisión de la luz, antes de que se aplique el baño de espejo.

Quienes constantemente tienen que estar pasando del interior al aire libre y viceversa, pueden beneficiarse del uso de lentes fotocromáticas, que se oscurecen en un minuto, o menos, de exposición al sol, y se aclaran en pocos minutos cuando estamos bajo techo.

Pero no hay que olvidar que las lentes de sol de calidad no son únicamente "lentes coloreadas", el coloreado es un aspecto importante pero no es el único. El aspecto final de la lente es el resultado de todo un largo proceso de investigación técnica y clínica en el que se combinan distintos materiales y tratamientos, tanto en su composición como en su aplicación, para adaptar mejor el "filtro de protección" a cada necesidad y situación.

Garantías en la adquisición de unas gafas de sol

La popularización de las gafas de sol, su diversificación en la oferta y los dictados de una moda que cambia constantemente, han creado un mercado "paralelo" en el que el concepto básico y prioritario de la gafa de sol, que es la protección de los ojos, ha pasado a un segundo término.

La fabricación masiva, sin ningún tipo de control sobre las lentes que garantice una adecuada protección visual, genera productos de mala calidad que se distribuyen irregularmente en mercadillos y establecimientos no especializados. Muchas personas, guiadas erróneamente por la búsqueda de un precio bajo, no son conscientes de los graves trastornos que implica el uso de unas gafas que, además de no proteger, perjudican su visión.

De la misma forma que cada persona, de acuerdo a su tipo de piel y a la naturaleza y duración de la exposición solar a la que va a someterse, usa una crema con un factor de protección determinado; los "filtros de protección" de las gafas solares (o sobre las lentes graduadas) deben establecerse en función de las mismas valoraciones. Cada gafa de sol debe adaptarse a las características y necesidades del usuario para que su visión sea plena, eficaz y rentable.

Es fundamental, por tanto, la adquisición de las gafas de sol en centros ópticos especializados, atendidos por ópticos optometristas capaces de aconsejar sobre el filtro de protección solar más adecuado, teniendo en consideración todos los aspectos relativos a la incidencia de las radiaciones solares en el ojo y sus consecuencias.

Información facilitada por General Optica
Actualizado: Abril de 2.002

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