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La Arcilla, tierra medicinal milenaria.

¿Qué laboratorio podría reivindicar la paternidad de un remedio utilizable, al mismo tiempo en el tratamiento de la sinusitis, de la otitis, la úlcera o de los abscesos, que se revela tan eficaz para la consolidación de una fractura como para tonificar una columna vertebral deficiente o limitar la extensión de un ataque febril, permitiendo así que el organismo se defienda mejor?.

La utilización de la arcilla se remonta a los albores de la humanidad. Antiguos documentos, algunos milenarios antes de nuestra era, manifiestan que los médicos egipcios de la época ya utilizaban esta tierra medicinal contra las inflamaciones y aplicaban los fangos calientes del Nilo para tratar deformaciones reumáticas.

Por sus propiedades antisépticas, los embalsamadores la aplicaban para la momificación de los cuerpos. Primero maceraban el cadáver durante 70 días en un baño de sal, después de haberle retirado los intestinos y el cerebro. Luego impregnado de una arcilla especial y aceites antisépticos, lo revestían de fina bandas de tela.

A lo largo de los siglos, Avicena, Dioscórides, Galeno, Gandhi, entre otros, también preconizaron la arcilla en terapéutica. En Grecia, el célebre Hipócrates no la desdeñaba como remedio, bien para curar o aliviar el dolor. Incluso Plinio “el viejo” dedicó un capítulo de su obra La Historia Natural a esta materia.

Fue su utilización la que hizo célebre al abad Sebastián Kneipp quien, en el siglo XIX, después de haber aplicado arcilla sobre animales, particularmente caballos atacados de fiebre aftosa, empleó la arcilla en terapéutica humana con mucha prudencia. Ante los éxitos obtenidos, con “un poco de agua, un poco de tierra y algunas hierbas” Kneipp dedicó su vida a aliviar y curar a los seres humanos. En Europa, tuvo fieles seguidores, entre los más destacados figuran Luis Khüne, Adolfo Just, Julious Stumpf en Alemania y Dextreit, en Francia.

Actualmente, las prevenciones contra la arcilla se van disipando poco a poco y el número de los que aún la desconocen decrece día a día. La arcilla es el remedio de hoy, de mañana y de todos los tiempos, tan antiguo como el mundo, bien conocido por los animales e igualmente beneficioso para los vegetales; su porvenir está asegurado.

No puede hablarse de grandes remedios modernos sin haber apreciado antes este beneficio de la naturaleza, siempre a disposición de quien se esfuerza en descubrirlo y admitir su probada eficacia y, además, experimentarlo.

Está demostrado que la arcilla posee un gran potencial de absorción y adsorción: absorción de las impurezas contenidas en los tejidos y que son captadas, neutralizadas y drenadas; adsorción mediante el drenaje y eliminación de las impurezas en suspensión en los líquidos orgánicos ( sangre, linfa, bilis).

Estas propiedades explican su empleo por cientos de miles de toneladas en la industria del petróleo, en la purificación de gasolina y en otras industrias, especialmente en la desodorización de la margarina, para hacer desaparecer el olor de ciertas materias primas y en la fabricación de aceites medicinales.

USO VETERINARIO

La terapéutica del barro está en sus poderes refrescantes, desinflamatorios, descongestionantes, absorbentes, calmantes y antibacteriológicos. Como desinfectante es uno de los más perfectos y poderosos.

Los animales sienten perfectamente la utilidad del contacto con la arcilla cuando están heridos o enfermos. Cuando viven en libertad, instintivamente hunden la zona dañada en lodo. Un gato herido o con abscesos producidos por golpes o heridas no dudará en echarse en un lecho de arcilla seca recubierta por un paño, aunque esté lleno de protuberancias, y lo preferirá a otro más cómodo.

Aplicada en forma de emplasto o cataplasma sobre ciertas llagas y úlceras, consigue curaciones de asombrosa rapidez. Posee además un gran poder cicatrizante en la piel, que se cura sin dejar apenas señal, lo que se atribuye a su contenido en silicato de aluminio. Actúa también como estimulante de la función cutánea. De ahí los espectaculares efectos de los emplastos.

A cualquier animal de granja, se le puede sumergir en un baño de barro, excavando primero un agujero que se llenará luego de agua con arcilla. Se tienen curado vacas que padecían fiebre aftosa con aplicación en algunas partes de sus patas y emplastes en la boca.

Como antagónico, la arcilla resta toxicidad a las sustancias nocivas y esto se hace patente al comprobar que unos perros después de haber comido carne envenenada, sobrevivieron al haberles administrado regularmente arcilla disuelta en agua.

En algunos lugares salvan a los animales gravemente enfermos embadurnándolos por completo con una mezcla de arcilla y vinagre. Se obtiene también buenos resultados utilizando agua muy salada ( sal marina) en vez de vinagre. Naturalmente se puede administrar arcilla en agua si se da de beber a razón de unas cuatro cucharadas soperas por litro de agua hirviendo. Como la enriquece la sangre es preferible no beber demasiada.

El uso de la arcilla proporciona siempre una mayor resistencia a la agresión tóxica, pero su acción no es solamente preventiva, sino también curativa, como se deduce de los resultados que se obtienen en las intoxicaciones o infecciones diversas.

Parece deducirse, igualmente, que actúa como catalizador, y por tanto, favorece la transformación y operación de síntesis, permitiendo así una mejor utilización de los alimentos absorbidos. Contribuye de forma aún más positiva al mantenimiento de una flora intestinal completa y equilibrada.

Debido a su poder de absorción permite recoger gran cantidad de calor, atraer las toxinas acumuladas bajo la piel y lograr de esta forma que sea expulsada. Las mascarillas de arcilla se emplean como producto de belleza, precisamente porque limpia y absorbe la grasa de los tejidos. Como sustancia natural es equilibrante y revitalizante.

REMEDIO VERSÁTIL

La arcilla es, además, un remedio muy versátil. Si bien para lograr una curación con éxito, es necesario apoyarse en otros medios naturales como el ejercicio, baños de sol, hidroterapia, alimentación lactoso-vegetariana, entre otros. La curación por la arcilla es uno de los más poderosos medios para recobrar la salud, aunque es poco habitual su utilización, en gran parte por desconocimiento.

Sabemos que una de las principales causas de toda enfermedad es la alimentación antinatural que por diferentes causas fatiga el organismo y produce toxinas. Se impone pues, la limpieza del cuerpo de todas estas impurezas a través de medios naturales como la arcilla, los baños naturales, la cura de frutas, el ejercicio, masaje, hierbas, etc. Si los resultados del tratamiento con arcilla no son satisfactorios hay que pensar que o bien no se utilizó debidamente, o el caso es demasiado grave.

Evidentemente, pretender curar exclusivamente con arcilla no seria razonable. Su empleo como medicamento resurge a favor de personas instruidas, sedientas de terapias suaves y eficaces.

Gandhi escribió que las aplicaciones regulares de arcilla en el rostro durante la viruela, previenen las lesiones de la piel y la formación de marcas o picaduras. Pero no es un “curalotodo” y su uso está sujeto a indicaciones muy precisas.

Existe la tesis de que la cura de arcilla da resultados óptimos sólo si se inserta en una forma de vida en armonía con la naturaleza. ¿ De dónde provienen los minerales de los alimentos que consumimos?. De la Tierra. ¿Por qué- se pregunta el profesor Mantovani- no los tomamos directamente de la fuente?.

La tierra da al cuerpo enfermo, todos los elementos que son necesarios para su curación definitiva, pues se considera la fuente de todas las energías y de todos los principios vitales.

Mayte Suárez Santos.
Especialista en Medicina y Termalismo.
Presidenta de la Asociación Española de Amigos de las Termas.
Editora de termasworld.com y Rutas Saludables.

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