La Dra. Jenny Moix es profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, miembro del Grupo de Investigación en Estrés y Salud de esta misma institución, autora de múltiples estudios sobre el dolor, y colaboradora en la clínica del dolor del Hospital de Sabadell. Recientemente, ha publicado el libro Cara a cara con tu dolor. Técnicas y estrategias para reducir el dolor crónico (editorial Paidos).
Fruto de su amplia experiencia, Jenny Moix, especialista en psicología del dolor, nos ofrece este este libro, una guía de estrategias y técnicas que se han demostrado eficaces en la reducción del dolor y el aumento de calidad de vida del paciente.
Este libro, de fácil y amena lectura, está escrito para los pacientes aquejados de dolor crónico, ya sean dolores de cabeza, lumbalgia, artrosis, o malestares asociados a la fibromialgia y otras enfermedades. Igualmente, los profesionales de la psicología, la medicina y la enfermería hallarán útiles consejos sobre cómo tratar al paciente de dolor crónico
En este libro, Jenny Moix nos explica cómo actúan las técnicas psicológicas en el tratamiento del dolor, cómo identificar los obstáculos psicológicos y superarlos, cómo conseguir que los pensamientos negativos nos afecten menos, cómo clarificar nuestros valores vitales, cómo mejorar las relaciones con los que nos rodean, y cómo aprender a relajarnos, todo ello con un estilo de redacción muy didáctico, y envuelto de interesantes ejercicios, cuentos, citas, metáforas y ejemplos de otros pacientes.
En definitiva, Se trata de un libro de autoayuda dirigido a que la persona afectada pueda emplear estrategias que se han demostrado eficaces en la reducción del dolor y en el aumento de la calidad de vida en diversos estudios científicos. Cara a cara con tu dolor. Técnicas y estrategias para reducir el dolor crónico, se puede adquirir a través de Internet.
En el ámbito personal, Jenny Moix es una joven y bella mujer, inteligente, simpática, de carácter alegre, con una amena e interesante conversación, cuya presencia transmite serenidad y alegría vital.
No existen muchas publicaciones ni investigaciones sobre la psicología del dolor. ¿Cómo nace su interés por este tema?
Desde que acabé la carrera trabajé en el campo de los pacientes quirúrgicos; concretamente investigaba como afectaban las variables psicológicas en su recuperación. Mi investigación la llevaba a cabo en clínicas del dolor y algunos anestesistas me comentaron que necesitaban ayuda con los pacientes con dolor crónico porque, como es lógico, muchos de ellos estaban deprimidos, ansiosos,… Así que pensé que quizás podría ser útil en ese campo y entré a investigar esta temática.
En su libro hay tres páginas de agradecimientos
Lo hice por una razón muy simple: ¡disfrute tanto haciéndolo! Yo estoy muy agradecida a todas las personas que salen en mis agradecimientos y muchas veces se lo he expresado, pero las páginas de agradecimientos del libro me brindaban la ocasión de agradecerles de nuevo su ayuda pero esta vez públicamente.
¿Tiene alguna experiencia personal sobre el dolor?
No, como todo el mundo algún día he tenido algún dolor puntual, pero nunca un dolor crónico que es muy diferente. Por este motivo, a veces me da vergüenza aconsejar a las personas que sí lo tienen, porque pienso que desde mi posición privilegiada de salud ¡Es tan fácil aconsejar!
Uno de los comentarios que más me han halagado de mi libro, son algunos lectores que se piensan que sí que sufro dolor crónico. Me gusta porque interpreto que he sido capaz de meterme de alguna manera en su piel.
Dice que ha aprendido mucho de sus pacientes. ¿puede comentarnos algunas de esas cosas aprendidas?
La verdad es que hay muchísimas, porque las personas que sufren mucho, no todas pero si muchas, llegan a unas conclusiones y unas reflexiones sobre la vida muy profundas, independientemente que la persona sea un alto ejecutivo o una señora de la limpieza. Eso ya es un aprendizaje: en algún sentido, en el fondo todos somos iguales.
Por poner un ejemplo que me pareció muy bonito: Se trataba de una señora que cuando yo la vi, tenía dolor crónico pero no depresión, sin embargo había pasado por una depresión tremenda, de esas en las que te quedas en la cama todo el día. Tenía un hijo pequeño de unos 7 años y lo único que hacia era salir para acompañarlo a la escuela, lo hacía junto con otra vecina que también llevaba su hijo al colegio. Un día esta vecina le dijo “Mira hay algo que no sé si tengo que decirte o no porque quizás todavía te pondrás peor, pero tengo que decírtelo: mi hijo me ha comentado que el tuyo se pasa todo el recreo llorando, diciendo que su madre se pasa el día solamente llorando y nunca esta de buen humor”. La paciente me comentó que ese comentario fue el detonante que necesitaba. Se dijo a si misma que no podía consentir que su hijo sufriera como ella, así que se obligo a salir de la depresión y lo consiguió ¡Ella sola! La gente que esté deprimida o lo haya estado entenderá perfectamente que esta historia es la historia de una heroína.
¿Por qué inicia su libro con el capítulo: “Tu dolor es real”?
Muchos pacientes con dolor crónico por ejemplo las fibromialgias, las lumbalgias,… no poseen una causa palpable física de su dolor. Por ello muchos médicos o incluso seres queridos, les sugieren que su dolor es psicológico. Sufren dolor y encima incomprensión. Yo soy psicóloga, así que cuando me derivan un paciente con dolor, lo primero que hago es decirle “no te han derivado a mi porque no estés bien psicológicamente, sino porque sufres dolor y eso aumenta tus emociones negativas que a la vez incrementan tu dolor” Les digo esto porque es la verdad, su dolor no es psicológico, es real.
Por qué con frecuencia nos olvidamos que el dolor también posee un componente psicológico importante?
La respuesta no es simple. Creo que por un lado, es porque vivimos en una sociedad muy medicalizada. Y por otro lado, porque preferimos que la causa de nuestro dolor sea biológica y no psicológica (aunque esta división es para mi absurda). Si nuestro dolor es causado por algo biológico lo encajamos bien, sin embargo si está influenciado por factores psicológicos, nos sentimos culpables, podemos pensar “si me organizará mejor la vida y no fuera tan estresado, no sentiría tanto dolor” o cosas del estilo. La culpa entonces es nuestra. Fijémonos en algo muy indicativo, no nos da vergüenza ir al médico, pero ir al psicólogo sí.
Es peor el dolor físico o el sufrimiento?
Para contestar a esta pregunta me remitiré a la mujer de la que antes he hablado, la que sufrió depresión. Ella me dijo algo que se me quedó grabado “si me dieran a escoger entre sufrir dolor crónico, sin depresión o sufrir depresión sin dolor crónico…escogería la primera opción: sufrir dolor” Así que creo que es peor el sufrimiento que el dolor.
Hay una cita muy bonita a este respecto: “Gracias a Dios, al fin me di cuenta de que el dolor quizá sea inevitable, pero el sufrimiento es opcional...”
Graig T. Nelson, actor
Los pensamientos ¿son nuestros grandes enemigos?
Exacto, así es. Hay muchas investigaciones que lo demuestran. Existe un tipo de pensamientos que se denominan catastróficos del tipo “este dolor no se acabará nunca” “no puedo seguir así” “no lo soporto más”. Muchos estudios han evaluado estos pensamientos a través de cuestionarios y también el dolor y han observado que los pacientes que piensan más en esta línea son los que sienten más dolor.
¿En qué puede ayudar la psicología a los pacientes que sufren dolor?
Como ya he comentado, normalmente el dolor aumenta las emociones negativas, y estas a su vez el dolor. Así que se trata de controlar nuestras emociones, al reducir las emociones negativas, podemos disminuir el dolor. Normalmente las terapias que se utilizan, son terapias que se denominan paquete porque contienen varias técnicas. Esas técnicas son las que describo en mi libro y nos enseñan a:
- Entender como las emociones y pensamientos afectan a nuestro dolor
- Acorralar los pensamientos negativos
- Relajarnos
- Organizar nuestro tiempo
- Mejorar las relaciones con los demás
- Conocer cuáles son nuestros verdaderos valores vitales
El dolor ¿es un síntoma o una enfermedad?
Hace poco asistí a una mesa redonda en un congreso que justamente llevaba por título esta pregunta. La respuesta depende de lo que entendamos como síntoma o enfermedad y es largo de explicar, pero resumiendo los profesionales de la salud cada vez más ven el dolor crónico más como una enfermedad que como un síntoma.
¿Cuál es, a su juicio, la repercusión más importante del dolor en los pacientes que lo sufren?
Hay muchas repercusiones, muchísimas, todas las áreas de la vida se ven afectadas: el trabajo, las aficiones, las relaciones con los demás, la propia autoestima,… Por descontado estas repercusiones difieren mucho según las personas. Pero si yo tuviera que destacar una en general: la incomprensión. Sufrir dolor y que encima no te entiendan, es horrible.
¿Cual sería un buen consejo para estos pacientes?
Les aconsejaría que acudieran a un psicólogo paralelamente al tratamiento médico. Y también a las asociaciones de personas afectadas, aunque eso es muy personal, a algunos afectados no les gusta porque quieren olvidarse de su dolor y eso lo viven como una forma de centrar su vida en él. Sin embargo, conozco a muchas personas que están encantadas de haberse asociado, porque en estas asociaciones tienen mucha información de la enfermedad, de los temas de baja laboral, ofertan muchos talleres para que la gente disfrute, …
¿Cuál es el principal déficit de la medicina tradicional en el tratamiento del dolor?
Desde mi punto de vista, el déficit está en que no hay auténticos grupos interdisciplinares. Si hubiera grupos formados por médicos, fisioterapeutas, asistentes sociales, psicólogos,… tratar el dolor sería mucho más fácil. De hecho, hace unos años realicé dos investigaciones a este respecto y los datos lo confirmaron.
¿En qué y de qué forma puede ayudar su libro a los pacientes?
La mayoría de los lectores de mi libro con los que he tenido la oportunidad de hablar, me han comentado que mi libro no sólo sirve para gente que padece dolor, sino también para gente que está deprimida, gente estresada… De hecho, una compañera psicóloga me comentó que lo recomendaba a mucha gente aunque no tuviera dolor, y todavía me sorprendió más que un abogado me comentará que lo recomienda a sus clientes. Lo que quiero decir es que en el libro se tratan temas como los que he dicho antes: organizar nuestro tiempo, mejorar nuestras relaciones, aprender a relajarnos, descubrir que es lo realmente importante de nuestras vidas. Y eso es útil para todos nosotros. A la gente con dolor le sirve igualmente para mejorar su vida, pero indirectamente cuando estás mejor, más tranquilo, más calmado, el dolor se reduce. Los pacientes con dolor eso lo saben bien, porque han comprobado muchas veces que los días que están más nerviosos el dolor aumenta como un acto reflejo.
¿En qué puede ayudar su libro a los profesionales de la salud?
En una de las presentaciones de mi libro, había un grupo de personas afectadas que lo habían leído, a las que tuve el placer de conocer, sus comentarios fueron muy emotivos y me conmovieron. Ellos me dijeron e insistieron que mi libro lo tenían que conocer los médicos, incluso me decían que debería salir por la televisión para explicar a todo el mundo lo que sienten ellos. Como he comentado antes, la incomprensión lógicamente les hace sufrir mucho, así que creo que la utilidad para los profesionales es que podrían entender mejor a sus pacientes.
Ejerce usted de psicóloga, maestra, investigadora, madre y esposa. ¿Cómo puede combinar tan extraordinariamente bien todas esas actividades?
Las mujeres que trabajamos y tenemos hijos no nos queda más remedio que aprender a organizarnos, y creo que he aprendido mucho. No obstante, creo que soy una privilegiada por dos aspectos: primero tengo un trabajo flexible, me refiero que no ficho 8 horas cada día como mucha gente y eso facilita mucho las cosas; y en segundo lugar, tengo una madre que vale millones, me ayuda sacándome de mil apuros.