Sevilla, octubre 2006.- La importancia de la conciencia de enfermedad en el campo de la esquizofrenia no ha sido suficientemente resaltada a lo largo de las últimas décadas. Hasta bien entrados los años noventa no se iniciaron líneas de investigación que contemplasen desde un punto de vista multidimensional la realidad de este concepto. Es por ello que el X Congreso Nacional de Psiquiatría ha centrado su atención en este punto con la organización de una mesa presidida por el psiquiatra Miguel Gutiérrez y que aborda temas como las bases neurobiológicas de la esquizofrenia, la conciencia de enfermedad como condicionante terapéutico en los primeros episodios psicóticos, la conciencia de la enfermedad, la esquizofrenia de curso crónico y la importancia del insigth en la clínica de la esquizofrenia.
Miguel Gutiérrez, jefe de servicio de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Cruces (Vizcaya), estima que “la concienciación por parte del paciente de su enfermedad durante los primeros episodios psicóticos es un tema trascendental para el éxito del pronóstico final de la enfermedad”. El experto sustenta esa afirmación en la constatación de que “una persona que es consciente de su enfermedad tiene más firmeza a la hora de seguir el tratamiento prescrito. Es preciso tener en cuenta que, casi por definición, la inmensa mayoría de los pacientes esquizofrénicos no son conscientes de su enfermedad y ahí hay un trabajo que hacer importante”.
Numerosas investigaciones han demostrado que “la adherencia al tratamiento y el escrupuloso seguimiento terapéutico son esenciales para el enfermo con esquizofrenia. Está comprobado”, asegura el especialista, que “un buen cumplimiento terapéutico del tratamiento inicial con antipsicóticos es esencial porque resulta un factor clave en la disminución de las tasas de recaída. Ha de considerarse que en no pocas ocasiones estos tratamientos tienen, en un principio, efectos adversos sobre el organismo del individuo y si éste no es consciente de su enfermedad corre el riesgo de abandonar la terapia y desentenderse del tratamiento”.
Miguel Gutiérrez asume que “la comunidad científica está trabajando para mejorar la tolerancia de estos fármacos”. No obstante, concede “un papel capital a la acción de las terapias grupales encaminadas a conseguir que el paciente tome consciencia de su enfermedad. En ocasiones estas terapias de grupo se extienden a grupos psicopedagógicos en los que también se trabaja con el entorno familiar o más cercano del enfermo, pero ha de vigilarse que no se establezcan lazos en exceso dependientes por una u otra parte”.
En lo que se refiere a establecer a quién corresponde tomar la iniciativa en este campo, Miguel Gutiérrez no tiene duda que son “las diversas administraciones sanitarias las responsables de establecer los mecanismos necesarios y suficientes para logar réditos en el campo de la concienciación. A ellas corresponde fomentar este tipo de actividades con objeto de minimizar el impacto de la falta de conciencia en la población de enfermos”.
El catedrático de Psicofarmacología de la Universidad de Cádiz, Juan Gibert, presente en la mesa que debatirá sobre esta cuestión, asegura que “la importancia de un diagnóstico acertado, que éste sea precoz para empezar cuanto antes el tratamiento y la posibilidad de llevar en muchos casos una vida normal con la medicación son claves para afrontar la esquizofrenia por parte del paciente, la familia y la sociedad. Existe, además, el peligro de estigmatización que conlleva esta enfermedad que padecen un millón y medio de españoles”.
En su vertiente neurobiológica, Gibert explica que “la esquizofrenia no es una enfermedad hereditaria, aunque sí existe una predisposición genética. Los pacientes sufren una alteración de las células cerebrales y se necesita de un desencadenante en el entorno social para que ésta se manifieste”.
El psiquiatra de la Clínica Mayo, de EE.UU., Renato Alarcón, es otro de los ponentes en la mesa. El experto valora la “importancia del insight en la clínica de la esquizofrenia”. La literatura científica describe al insight como una conducta relacionada con la conciencia de enfermedad, la adherencia al tratamiento, el cumplimiento del tratamiento, e incluso el término psicoanalítico de negación, ya sea de la propia enfermedad, de un conflicto o de un síntoma concreto. Los déficits de insight, en la psicosis, se han relacionado “con un mayor índice de agresividad y de impulsividad en general, con un mayor consumo de sustancias, con una menor adherencia al tratamiento y, en definitiva, con un peor pronóstico de la enfermedad.”
En la mesa también participan los psiquiatras Rafael Segarra, José Ignacio Eguiluz, Natalia Ojeda, Edorta Elizagarate y Jesús Ezcurra, todos ellos implicados en este tipo de cuestiones.