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26/10/2006 08:29:48
Las revisiones periódicas a partir de los 50 años, sobre todo si se tiene unos niveles de PSA algo elevados, la práctica de una vida activa y la observancia de una dieta equilibrada y rica en fibras son consejos eficaces para la prevención.
Bilbao, octubre de 2006.- La incidencia del cáncer de próstata en la civilización occidental es una evidencia sustentada en el dato de que este tumor es el segundo de mayor prevalencia entre los varones mayores de 50 años tras el cáncer de piel. Constatado este dato, Ander Astobieta, especialista del Grupo Urología Clínica, considera que han de observarse “aquellos factores de riesgo que están relacionados con la aparición de esta patología. Una avanzada edad –por encima de los 65 años se detectan el 80 por ciento de los casos-, la historia familiar, la dieta, la raza (está demostrado de manera científica que este cáncer tiene mayor incidencia en la raza negra) y la obesidad son factores que están relacionados, en mayor o menor grado, con la posible aparición del cáncer de próstata”.
Una vez conocidos los posibles factores de influencia, Ander Astobieta estima que han de tomarse “las pertinentes medidas preventivas que, en no pocas ocasiones, están sometidas a un intenso debate. Es el caso, por ejemplo, de la edad. Está descrito que a partir de los 50 años crece la posibilidad de que un varón contraiga esta enfermedad, por lo que comienzan a estar recomendadas las revisiones periódicas”.
Sin embargo”, arguye el experto, “existe un antígeno específico de próstata (PSA), una proteína producida en la próstata que puede elevarse cuando el cáncer está presente, cuyos niveles ayudan al médico en el seguimiento de un paciente con problemas de próstata. El debate se circunscribe a si es necesario realizar un screening a toda la población varón de mayor de 50 años o sólo a aquellos que tengan sintomatología de prostatismo. En todo caso, en aquellos sectores de la población donde se realiza un control periódico de los niveles de PSA la prevalencia del cáncer de próstata es mayor pero la tasa de mortalidad es menor y su aparición se detecta de modo más precoz. Esto hace que, por pura lógica, se recomiende el control en aquellos segmentos de la población que tengan una mayor probabilidad de padecer de cáncer de próstata”.
En lo que atañe al origen genético de la enfermedad, el urólogo del Grupo Urología Clínica recuerda que “alrededor del diez por ciento de los tumores tiene un componente hereditario. En estos casos, la línea de transmisión es de primer grado –de padres a hijos o entre hermanos- y si existen antecedentes en esta cadena puede hablarse de que el riesgo se duplica”.
“No existe una dieta específica a la que atribuirle un aumento de casos de cáncer de próstata”. Pese a esta sentencia, Ander Astobieta recuerda que “algunos estudios recientes comienzan a establecer una relación entre la dieta occidental y la aparición del cáncer de próstata. Al parecer, una dieta rica en grasas saturadas incide de alguna manera en la aparición del cáncer de próstata. Aunque este dato queda a expensas de una confirmación científica más profunda, lo que sí parece contrastado es que una dieta rica en fibras que influya en la actividad de la testosterona dentro del organismo humano sí resulta beneficiosa como medida preventiva”.
A esta consideración hay que añadir “las dietas que aportan proteínas de soja, vitamina E y selenio, así como el consumo de licopenos, unos carotenoides contenidos en la piel del tomate que pueden reducir sensiblemente el riesgo de contraer cáncer de próstata o enfermedad cardiovascular Los licopenos disminuyen los niveles de antígeno prostático específico (PSA), evitan la proliferación de tumores secundarios y mejoran la supervivencia”.
En lo que atañe a la obesidad, su consideración como factor de riesgo de cara a la posible aparición de un cáncer de próstata “está aún en controversia y debate. Al parecer existe una correlación entre la obesidad y la vida sedentaria y la posible aparición de este tumor, pero son necesarios más estudios que ratifiquen este dato. Está comprobado que la obesidad afecta de manera directa a patologías como la diabetes y el colesterol y ahora está en estudio la posible alteración hormonal asociada a la obesidad y el sedentarismo”.
Desde este punto de vista, el especialista considera que pueden manejarse una serie de consejos preventivos como son “las revisiones periódicas a partir de los 50 años, sobre todo si existe sintomatología de prostatismo, la práctica de una vida activa y la observancia de una dieta equilibrada y rica en fibras”.
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