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El 90% de la población adulta precisa entre 7 y 8 horas diarias de sueño, mientras que un tercio de la misma sólo duerme 4 ó 5

29/11/2007 19:10:39
Actualmente, cerca del 30% de la población duerme entre 4 y 5 horas los laborables e intentan “recuperar” las horas perdidas durante el fin de semana.

Bilbao, noviembre de 2007.- La Sala Bidebarrieta de Bilbao acoge hoy, a partir de las 19:00, la segunda edición de Encuentros con la Salud, una iniciativa de divulgación sanitaria dirigida tanto al colectivo médico como a la sociedad. En esta ocasión el tema elegido ha sido “Duérmete niño, duérmete mayor”, y el experto invitado ha sido el doctor Eduard Estivill, del Institut Dexeus de Barcelona. Al igual que ocurrió en la edición inaugural, una gran cantidad de galenos procedentes de todo el País Vasco acuden a interesarse por los últimos avances en el estudio del sueño.

Asimismo, Estivill impartió esa misma mañana una clase magistral a los alumnos de la Facultad de Medicina del País Vasco en la que analizó los aspectos más importantes de las diferentes áreas de la medicina que estudian el sueño. Encuentros con la Salud cuenta con la asesoría científica de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao y de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).

El sueño: un periodo activo

Durante la exposición a los médicos y público en general, Estivill recuerda que desde el punto de vista fisiológico el sueño es un periodo de tiempo activo en el que tienen lugar “cambios de las funciones corporales y actividades mentales de enorme trascendencia” para el equilibrio psíquico y físico de los individuos y que el cerebro humano está preparado “para dormir de noche y estar despierto de día”.

“El sueño no es una situación pasiva, ni la falta de vigilia, sino un estado activo con cambios hormonales y metabólicos, de temperatura y bioquímicos imprescin­dibles para el buen funcionamiento del ser humano durante el día”. En este sentido, recalca que el hombre posee, además de los ritmos diarios de vigilia y sueño, otros ritmos biológicos circadianos “como el de la temperatura, la secreción de la hormona del crecimiento o el ciclo de excreción del potasio”. Según asegura, “todos estos ritmos están conjuntados entre sí y se repiten con la misma cadencia a lo largo de las 24 horas; si se obliga a dormir a nuestro cuerpo durante día entrarán en conflicto estos ritmos biológicos citados y se producirán los síntomas de mala sensación de descanso, irritabilidad, cansancio, mal humor, etc.”.

Salud individual y pública

El experto manifiesta que las carencias de sueño no sólo tienen consecuencias en la salud de los individuos que las padecen sino también en la sociedad en general. De este modo, la falta de sueño, dependiendo de las características del individuo y de la cantidad de sueño perdida, da lugar a un aumento del estado de ansiedad, irritabilidad, disminución de la capacidad intelectual, pérdida de memoria, reacciones emocionales anómalas e, incluso, depresión.

Sin embargo, también expone las consecuencias sociales de esta falta de sueño ya que “si se reducen de manera lineal y progresiva las horas de sueño nocturno, se observa una pérdida, también progresiva y lineal, del grado de alerta diurno”. Esto da lugar a que las personas que duermen habitualmente entre 4 ó 5 horas “tengan un 40% más de posibilidades de sufrir un accidente de circulación, de trabajo o en el hogar, que las que duermen entre 7 y 8 horas”.

Límites saludables de sueño

Estivill indica que aún se desconocen con exactitud las necesidades de sueño, pero se conoce que aproximadamente el 90% de la población adulta precisa entre 7 y 8 horas diarias de sueño para mantener una vigilia correcta durante el día. Por otro lado, existe un grupo correspondiente al 5% de la población que sólo precisa dormir entre 5 y 6 horas diarias para mantener “un excelente grado de vigilia” y que son denominados como “dormidores cortos”. En el otro extremo, el 5% de la población restante precisa dormir diariamente 9 ó 10 horas para mantener la vigilia diurna; éstos son conocidos como “grandes dormidores”. Además, parece ser que importa mucho más “la calidad del sueño que la cantidad”, es decir, que éste sea profundo y sin interrupciones en vez de pasar muchas horas en la cama con un sueño superficial y entrecortado.

“Lo único cierto es que las necesidades son individuales”, por lo que para saber si una persona duerme lo suficiente o no “habrá que analizar el estado de esa persona durante las horas de vigilia”.

Distintas edades, distintas necesidades

El doctor del Institut Dexeus quiere matizar que a la hora de tratar los trastornos del sueño en un paciente es necesario valorar sus circunstancias personales y ambientales, ya que en la calidad del sueño influyen “infinidad de factores que van desde la edad a condicionamientos genéticos”. Así, indica que los recién nacidos pueden pasar hasta 18 horas durmiendo, con pequeños periodos de vigilia intercalados. En el tramo de edad comprendido entre los 8 y los 10 años “suelen dormir de 9 a 10 horas seguidas” y los mejores durmientes “son los preadolescentes —entre 12 y 14 años—, que pasan gran parte de su sueño en fase 3/4 (profunda)”.

Características especiales en los ancianos

También expone las especiales características del sueño de la población anciana. “Mientras que una persona adulta suele precisar entre 7 y 8 horas de sueño y las duerme seguidas y sin interrupciones, un anciano de 70 años suele dormir sólo 6 horas. Además, su sueño es más superficial y tiene múltiples despertares”. Estivill manifiesta a los médicos presentes que a medida que el paciente se hace mayor, éste pierde la capacidad para dormir seguido, despertándose más veces durante la noche; asimismo, “también pierde la capacidad de mantener la vigilia seguida, es decir, tiene la necesidad de realizar pequeñas siestas durante el día”. Así, una persona mayor de unos 70 años “dormirá sólo de 4 a 5 horas seguidas durante la noche y hará 2 ó 3 siestas de unos 10 ó 15 minutos durante el día”.

El experto llama la atención respecto a las semejanzas entre el sueño de los ancianos y el de los niños, ya que ambos son del tipo polifásico, con varios episodios de sueño durante las 24 horas del día, mientras que los adultos tienen un sueño de tipo monofásico, con un único periodo de sueño en 24 horas.

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