Madrid, 21 de abril de 2008.- El sobrepeso o la obesidad infantil no es sólo una cuestión estética. Los expertos aseguran que los malos hábitos que provocan un exceso de kilos en la infancia aumentan el riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares, hipertensión, diabetes y algunos tipos de cáncer en la edad adulta.
Con este peligro de fondo y ante la constatación de que los casos de sobrepeso y obesidad infantil van en aumento, el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha en colaboración con Unilever/Tulipán han editado el Manual Práctico de Nutrición en Pediatría, para prevenir estos trastornos, que pueden generar serias consecuencias de salud en unos años.
“La obesidad es una enfermedad crónica que ha aumentado de manera exponencial en las dos últimas décadas y que supera en frecuencia a todas las otras patologías crónicas del niño y del adolescente- asegura el Profesor Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría-. A pesar de que las autoridades y las sociedades científicas están realizando muchas campañas promoviendo la alimentación sana, las cifras de sobrepeso y obesidad infantil están en aumento –el 25% en varones y el 19% en mujeres-“.
Las evidencias científicas han demostrado que la obesidad incrementa la posibilidad de que un individuo sea hipertenso, diabético o sufra dislipemia, todos ellos factores de riesgo cuya agregación incrementa de forma exponencial la posibilidad de sufrir un accidente cardiovascular y su gravedad cuado este acontece.
En este sentido, como señala la doctora Lucrecia Suárez, del Comité de Nutrición de la AEP y coordinadora del Manual con la doctora Teresa Muñoz, “ya hay adolescentes o incluso niños que debido a una mala alimentación sufren el denominado síndrome metabólico, que es un compendio de síntomas y signos que incluyen obesidad, descompensaciones pancreáticas –antesala de la diabetes-, hipertensión y dislipemias”.
La doctora Suárez aclara que aunque el número de niños y adolescentes con síndrome metabólico no están cuantificado, “sí se puede asegurar que cada día se ven más en las consultas”. Una vez el escolar ha llegado a ese punto, “una dieta y un cambio en el estilo de vida no son suficientes para revertir la situación, sino que hay que recurrir a tratamientos complejos, incluido el farmacológico”, explica, “por ello es muy importante prevenir la obesidad y detectar pronto el sobrepeso”.
Esta especialista atribuye esta situación no sólo a la fuerte de presencia de comida basura en la vida cotidiana, sino también al cambio en los hábitos y en el estilo de vida. “Hace 20 años las hamburguesas y las raciones de patatas que se vendían en las mismas cadenas de comida rápida que hoy eran mucho más pequeñas; no se entraba en el cine con un cubo de palomitas de 700 calorías; se comían chucherías una vez a la semana o al mes y los niños salían a la calle a jugar. Hoy día todo esto es diferente”. Por eso, apela a un cambio de hábitos en el que tiene que estar implicada toda la familia y toda la sociedad.
Necesidades nutricionales
La doctora Teresa Muñoz, presidenta de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha, recuerda que los niños de 2 a 4 años necesitan diariamente 1.000 calorías si son sedentarios, y entre 1.000 y 1.400 si son activos. A partir de los 4 años y hasta los 8, los niños necesitan en torno a 200 calorías más y desde los 9 hasta los 11 las necesidades energéticas aumentan en 100 calorías cada año.
Como recomendaciones generales, esta experta recuerda que lo ideal es que se ingiera la menor cantidad de alimentos procesados. “Se deben tomar alimentos frescos, de temporada y de procedencia local, con preferencia por los alimentos vegetales como las hortalizas, legumbres, frutas, cereales, frutos secos y semillas. Se recomienda igualmente tomar la menor cantidad posible de alimentos fritos y, si se consumen, que sea con aceite de oliva. Debe de asegurarse un consumo lácteo de 500 ml al día”, explica.
En cuanto a la carne, la doctora Muñoz aconseja que se tomen pobres en grasas –quitando la piel de las aves y la grasa visible-, y mejor la carne roja que blanca -rica en hierro-. Además, recomienda estimular el consumo de pescado rico en grasa poliinsaturada con omega 3 (salmón, atún, etc.).Por otro lado, insta a aumentar los alimentos ricos en hidratos de carbono complejos, ricos en fibra (pan, legumbres, pasta, fibra, arroz, etc.) y a reducir el consumo de azúcares, dulces, bollería, picoteos, etc.
A modo de resumen, esta especialista recomienda hacer ejercicio al aire libre siempre que sea posible; realizar un buen desayuno que incluya al menos lácteos, cereales y fruta; fomentar el consumo de pescado, preferentemente azul; estimular la ingesta de agua como mejor bebida, restringiendo el consumo de refrescos; limitar el consumo de dulces, bollería y caramelos; cuidar la preparación de los alimentos –limpieza, textura, presentación, olor y sabor- y complementar en la cena la comida del mediodía, sobre todo en niños que comen en el colegio.