Madrid, 17 de julio de 2008.- La localidad alicantina de Alfaz del Pi acoge el hasta el próximo 27 de julio el campamento de verano diseñado especialmente para niños con artritis idiopática juvenil que, cada año, promueve la Coordinadora Nacional de Artritis, (ConArtritis) con el apoyo de los laboratorios Wyeth y en la que participa la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica (SERPE).
Además, la Sociedad Española de Reumatología (SER) ha calificado a esta actividad como de interés social. Se trata de una experiencia muy gratificante para estos pequeños ya no sólo por el ocio, “sino porque les aporta grandes beneficios psicológicos y les ayuda a sobrellevar mejor su enfermedad”, aseguran los expertos.
Este año el campamento, que reunirá a un total de 15 niños, de 7 a 17 años, se desarrollará en el centro Reuma-Sol Senter, especializado en el tratamiento y rehabilitación de enfermedades reumáticas y ubicado en Alfaz del Pi (Alicante). Se trata de un complejo creado por la Asociación de Reumáticos de Noruega, donde tanto las instalaciones como las actividades que realizarán los menores están adaptadas a su patología.
“Dejando aparte las necesidades especiales de los niños, nuestro objetivo es que el campamento sea como otro más, donde los chavales lo pasen bien y se diviertan. La enfermedad se tiene muy en cuenta a la hora de la planificación de las actividades y de la organización, pero luego no es el eje sobre el que pivota el día a día”, asegura Antonio Torralba, presidente de ConArtritis.
Este año 15 niños podrán disfrutar de esta singular experiencia. Al convivir con otros pequeños con su mismo problema no se sienten diferentes y, además, adquieren una mayor autonomía. “Estos niños suelen estar mucho más protegidos que el resto. Hay casos que incluso rozan lo patológico por el círculo vicioso de mutua dependencia que puede crear la enfermedad entre los padres y el hijo”, explica la doctora Inmaculada Calvo, responsable de la Unidad de Reumatología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia y presidenta de la SERPE.
Esa sobreprotección, a pesar de lo perjudicial que puede resultar, es fácilmente comprensible si se tiene en cuenta que hay niños que a los pocos años de manifestárseles la enfermedad ya pueden tener serias erosiones en las articulaciones. “Si el proceso es muy agresivo, vemos niños que tras cuatro años de evolución de la patología tienen que ir en sillas de ruedas y no pueden siquiera utilizar un bolígrafo o peinarse”, asegura la doctora Calvo.
Cambio espectacular
Afortunadamente, el actual arsenal terapéutico consigue frenar la evolución de los brotes, que además se presentan con mucho dolor. En este sentido, la doctora Calvo asegura que los tratamientos biológicos han supuesto una auténtica revolución para los niños con una enfermedad más agresiva, porque “con dos o tres dosis el cambio es espectacular. Los niños pasan de estar muy impedidos a tener autonomía propia”.
Esta experta explica que no hay consenso sobre la prevalencia de esta patología inflamatoria crónica, que se manifiesta antes de los 16 años, y de la que se estima afecta a entre uno y cuatro de cada 4.000 niños, y que puede aparecer incluso en bebés. La doctora asegura que los síntomas de alerta para una detección precoz son, en los más pequeñitos, un exantema (erupción o mancha en la piel) acompañado de fiebre y una irritabilidad muy alta; si el niño ya no es bebé pero todavía no puede transmitir la sensación de dolor, el mal juego de alguna articulación; y si el niño es más mayor, el dolor persistente.
“En el campamento los niños aprenden a convivir mejor con su enfermedad. Se les dan pautas para aceptar y vivir sus limitaciones si es que las tienen. Uno de los monitores está afectado de artritis idiopática juvenil, lo que confiere a todas las actividades incluso más proximidad. Los padres además se quedan muy tranquilos porque hay un equipo médico especializado en patologías reumáticas que está a su disposición por si hubiera cualquier incidencia y una enfermera está velando por el cumplimiento de la medicación. Si el niño olvida acercarse a la enfermería, ella se encarga de llamarle”, concluye Antonio Torralba.